La urbanización desarrolla una relación entre las grandes ciudades y sus hinterlands, incluso aquellos alejados de las ciudades (Brenner, 2013, 2016; Brenner y Katsikis, 2020). Los paisajes de producción de alimentos y energía, y de extracción de materiales, son probablemente uno de los ejemplos más evidentes de esta situación, ya que regiones enteras son explotadas para generar recursos que garantizan el suministro, la producción y la construcción de otras. Sin embargo, la ciudad también se extiende, a menudo sin límites, sobre territorios frágiles desde el punto de vista medioambiental o a costa de hacer desaparecer los lugares que proporcionan alimentos a sus habitantes.
Aunque está claro que estos territorios forman parte del propio proceso de urbanización, siguen siendo bastante marginales en la agenda de los diseñadores urbanos, los planificadores, la administración y las instituciones políticas (Jordi, Valenzuela y Vera, 2017). El urbanismo se ha centrado tradicionalmente en las grandes ciudades y sus alrededores más inmediatos. En la última década se han introducido conceptos como el metabolismo urbano y el urbanismo ecosistémico para ayudar a llenar este vacío, pero estos términos siguen centrados principalmente en el ámbito de la ciudad propiamente dicha. Por lo tanto, todavía se habla poco de esos otros paisajes —los «paisajes recíprocos» (Hutton, 2019)— que se encuentran cerca o al otro lado del mundo y que, sin embargo, sustentan la vida en nuestras ciudades. Para ello, no sólo exploramos las relaciones entre el llamado sur y el norte globales, sino que también analiza las periferias internas en las que los mismos Estados deciden aplicar el colonialismo interno (Sánchez y Matarán, 2023) a sus propios territorios, para decidir qué territorios deben sacrificarse para generar riqueza en otros.
La investigación sobre los «territorios interiores» tiene como objetivo dar voz a estas comunidades y territorios, con asentamientos pequeños y medianos, alejados de los grandes centros de poder, pero indisolublemente vinculados a ellos. Por lo tanto, proponemos investigar las configuraciones territoriales de la producción, la extracción de recursos (alimentos, materiales y energía), así como otros procesos de urbanización, centrándonos en la especificidad de sus historias y problemas.
Este enfoque entrelaza tres escalas: la global, la territorial y la local, donde la primera determina las necesidades, la segunda es la del territorio explotado y la tercera es la escala de la comunidad. También propone una visión espacial de los conflictos socioterritoriales que surgen de estas relaciones entre escalas tan dispares y no siempre comprendidas de manera holística. Nos preguntamos qué tiene que decir el espacio sobre estas transformaciones, ya que los recursos que utilizamos a diario no solo se producen en un espacio determinado, sino que también producen nuevas configuraciones espaciales que afectan a la sociedad local y modifican el territorio.
1. Territorios asociados a la extracción de recursos y la producción de alimentos, energía, bienes y servicios.
2. Periferias "extremas", donde los conflictos derivados de su urbanización conviven con los conflictos medioambientales.
3. Pueblos y ciudades pequeñas de interior, nuevas ruralidades.
1. La mirada histórica a los procesos de configuración territorial, la construcción de asentamientos productivos e infraestructuras, etc.
2. El análisis de los conflictos socioterritoriales en el presente desde una perspectiva fundamentalmente espacial.
3. La representación cartográfica del espacio en conflicto como herramienta para visibilizar lo que ocurre en estos territorios y como instrumento analítico y comparativo.
4. La mirada proyectual, inherente a la disciplina de la arquitectura y el urbanismo.