PAISAJES DE LA PRODUCCIÓN Y LA EXTRACCIÓN
La urbanización como fenómeno nos obliga a mirar más allá de las grandes ciudades. Hoy en día, los paisajes de la producción de alimentos y energía y de la extracción de materiales son probablemente uno de los ejemplos más evidentes de la transformación de enormes porciones del planeta en paisajes operativos, pues regiones enteras son explotadas para generar recursos que aseguran el abastecimiento y desarrollo de otras. Aunque es evidente que estos territorios son parte del propio proceso de urbanización, aún son bastante marginales en la agenda de los urbanistas, planificadores, administradores regionales e instituciones políticas. Las consecuencias de estos procesos también nos obligan a repensar nuestras relaciones con aquello que llamamos naturaleza, entendiendo las relaciones territoriales desde una perspectiva no solamente del ser humano, sino también de los no humanos, especialmente en un contexto de cambio climático.
Esta línea explora los territorios de la agricultura, la minería, la producción energética, la ganadería intensiva, entre otros. Se trata de lugares necesarios para la vida de las ciudades, pero que frecuentemente se encuentran desconectados de sus relaciones locales. A menudo, en estos lugares se generan conflictos socio-territoriales y ambientales, en los que los patrones de la actividad no se relacionan con los de la población local. Este es el caso de algunas explotaciones mineras como el litio, el cobre o los minerales raros, así como de la agroindustria o incluso los centros de datos. Asimismo, prestamos atención a las transformaciones que se producen cuando la actividad llega a su fin, como es el caso de los paisajes postindustriales. Se propone el análisis de situaciones actuales o miradas históricas, siempre con el dibujo como herramienta metodológica para explorar las transformaciones espaciales derivadas de estas actividades.